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Escrito por José - - sin comentarios

El té verde es originario del sur de China y de las zonas altas de Asia, que cuentan con un clima cálido y húmedo. Se cultiva en forma de pequeños arbustos de hasta unos 2,5 m. Científicamente, se denomina Camellia sinensis. Este tipo de té pasa por un proceso de mínima oxidación. Es un té no fermentado, lo que le diferencia del té negro. En efecto, sus hojas se recogen frescas y se torrefactan. Luego se prensan, enrollan, trituran y se secan.

Para que el té verde mantenga su color verde y sus características iniciales, se detiene la fermentación, destruyendo la enzima que llega a oxidarlo. La destrucción de esta enzima hace que la fermentación no tenga lugar, y así se mantienen intactas las propiedades fitoterapéuticas de esta infusión. En el té negro ocurre todo lo contrario. Los polifenoles, que son los componentes anticáncer del té verde, son destruídos durante la fermentación que sufre el té negro. Por eso es el té verde, el verdaderamente eficaz contra enfermedades degenerativas como el cáncer o el Alzheimer. Los principales productores de este té tan beneficioso para la salud, son China, Japón y Vietnam. Se dice que el té verde de mayor calidad es el japonés. Se ha hecho enormemente popular en Occidente por su aporte saludable. Tanto es así, que ha desbancado al tradicional té negro. Y es que el té verde ha sido utilizado medicinalmente desde hace cinco milenios, nada menos. La más lejana referencia que hay sobre su uso para la salud, se remonta al año 2737 a.C. Como vemos, no es algo que se haya descubierto ahora. Aunque ahora esta bebida sea asequible para todos, en la antigua China era muy costosa, accediendo a ella los habitantes más ricos de la población. Cuando el Imperio mongol cayó, el consumo de té se extendió igualmente a la plebe. Y cuando China brillaba por ser la potencia naval mundial entre los años 1405 y 1433, el té salvó la vida a numerosos marineros. Al contener altas dosis de vitamina C, el consumo del té por parte de los navegantes, les evitó contraer la enfermedad del escorbuto. Muchos marinos europeos sucumbieron a esta enfermedad años después, por falta de vitamina C en su organismo. Por lo tanto, los efectos positivos del té verde sobre la salud, son indiscutibles. Sus beneficios terapéuticos ya fueron descritos hace más de mil años, en el Kissa Yojoki, o libro del té. El prior Zen Eisai en 1191, hizo una descripción de los efectos positivos del té verde en los cinco órganos vitales, especialmente en el corazón. En tiempos más actuales, se han hecho también estudios sobre el efecto que tiene este té, en el cáncer o en las enfermedades cardiovasculares. Estos estudios asociaron el té verde con numerosas propiedades para la salud. Ahora se sabe que, por ejemplo, mejora la cognición, detiene el avance de ciertas enfermedades neurodegenerativas como lo es el Alzheimer, previene y trata el cáncer, mejora la artritis, incide sobre la esclerosis múltiple, impide la degradación de las células al detener la propagación de los radicales libres, y disminuye el colesterol LDL. Frente a estas ideas positivas, se oponen las de los más escépticos. En EEUU, la FDA (Food and Drug Administration) no cree que el té verde actúe de esa manera, en el organismo humano. Sin embargo en Asia, hay tasas más bajas de patologías cardíacas y oncológicas. ¿Será por el consumo habitual de té verde? Quizás sea una cuestión de creencia, más que una cuestión científica. Cada vez más gente cree en los beneficios que aporta el té verde a su salud, de ahí que sea tan popular. Pero como para cualquier cosa, hay que mirar el otro lado de la moneda. Se puede creer en su lado más positivo, pero hay que tener en cuenta sus contraindicaciones. Puede empeorar enfermedades digestivas, producir insomnio, ansiedad y taquicardias. No es recomendable para hipertensos o anémicos. La osteoporosis, el glaucoma, o las cardiopatías pueden verse afectadas, si se toman altas dosis. Té verde sí, pero con precaución.

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